domingo, 19 de febrero de 2017

SONRISAS PARA UNA GUERRA: PAYASOS SIN FRONTERAS EN PALESTINA


(Artículo publicado en el número 53 de la revista Artez, en el año 2001 y que escribí algunas semanas después de mi retorno de mi participación en un proyecto de Payasos sin Fronteras en Palestina)

Llegamos a Aida, un campo de refugiado palestino junto a Bethlehem (Belen). Estamos mirando el espacio para la actuación entre guiños con los chavales que ya se han acercado. Es el patio de la escuela, y un detalle nos llama la atención: toda la pared está ametrallada. Cambiándonos en un aula, camerino improvisado, vemos agujeros de bala dentro, que atravesaron por las ventanas... Estas cosas tocan, y remueven, para salir a actuar ante ese mar de ojos y sonrisas que se concentra para ver algo tan excepcional en la vida de un campo de refugiados como un grupo de payasos.

El espectáculo comienza, aunque aún habrá más sorpresas que nos han tocado el corazón, pero allá vamos con la fuerza del apoyo en los compañeros y las ganas de hacer reír, soñar. Pepe Viyuela y Luismi, que llevan el peso del espectáculo, y bordan una actuación más. Gags simples muy visuales, con pocas palabras, un poquito de árabe mal pronunciado, un poco de inglés, acaso aun peor pronunciado, pero la magia se da, y los chavales ríen, se vuelcan, se entregan a las propuestas... incluso a veces hay niños que salen espontáneamente a explicarle a Pepe cómo ha de subirse a la escalera... Se ha conseguido un espectáculo muy vivo y que conecta muy bien con las gentes de allí. Ninguno habíamos trabajado juntos antes: unas horas de hablar y bullir ideas, y un estreno – primer ensayo ante setecientos niños en Al Bireh. Luego cada día todo se irá puliendo hasta conseguir una magia donde niños y adultos son durante unas horas una sonrisa, una carcajada, una mirada llena de luz...

Todo dura más por que tras el espectáculo a todos nos cuesta irnos... Los críos se acercan y aún jugamos, que si hacerles un globo, o una mueca, darnos la mano, o la mirada... o rupturas de barreras más incómodas como golpes, intentar quitarte la nariz, la máscara, o usar todos tus instrumentos musicales y los demás aparatos de la actuación... Nos dejamos, compartimos, disfrutamos, la adrenalina galopa por la sangre aún, estamos entregados, prolongamos la magia. Y los adultos, que han disfrutado como el que más, llegan y te agradecen haber detenido su mundo por un rato, hacer olvidar la intifada y la miseria, el dolor y la muerte. Este día, como otros, nos invitan a tomar un refresco... entonces preguntamos y nos contarán que la escuela fue ametrallada con los niños dentro a la una de la tarde, casi no hubo heridos, pero... No, no hay palabras...

No es una historia muy distinta de la oída cuando actuamos en el centro cultural de Baladna, en Ramallah, al mismísimo lado de la comisaría bombardeada en operación de castigo veinte días atrás. Fue a las tres de la tarde, y el edificio que estaba al otro lado era otra escuela, que estaba también llena...

Una operación de castigo por el atentado suicida en Tel Aviv, un chaval de veintiún años, Said, que se llenó el cuerpo de bombas y las hizo explotar en una discoteca, veinte muertos y cien heridos... y él, otra vida más sacrificada. Cuando iba hacia allí en el avión el día 18 de junio, cuando caminaba hacia aquella tierra me preguntaba qué podría hacer con chavales que para ellos son héroes aquellos que se suicidan así, qué podría aportarles, compartirles. Los primeros días estuvimos en Ramallah, ciudad muy musulmana y efervescente, las calles estaban llenas de carteles de mártires, y fue mi primer taller de expresión en Palestina. Claro que cuando convocas el imaginario y la expresión, los temas recurridos son la intifada: disparar, tirar piedras, morir, heridos, tortura... Estas son sus creaciones cuando les das para jugar unas sillas o unos pañuelos, y nos ponemos a jugar, creaciones de su realidad, cruda y agria... Éstas palabras que todos querríamos desterrar del futuro de la humanidad son referencias importantes en el cotidiano también para esta generación de palestinos, y las ponen en juego. No lo miro con pavor, en los talleres, con la expresión, con la creatividad, como cada tarde en los espectáculos con el humor, en estos talleres solo intentamos sumergirnos en un sueño, de la mano de la imaginación, encontrar y descubrirles nuevas claves. Jugamos con materiales simples y asequibles. Con aviones de papel soñamos el viaje, ¿a dónde quieres ir?, viajamos a Jordania a visitar a los familiares en el exilio. O con la puerta de la sala, y con fotografías de puertas imaginamos quién vive detrás de ellas, y al final construimos la ciudad ideal, ¿qué quieres que haya junto a tu casa?... Qué hermoso fue con el grupo del orfanato de Bethlehem, cuando todos se soñaron a ellos mismos viviendo tras esas puertas, con sus familiares en el exilio o sus mejores amigos, y fueron llenando las calles de parques y espacios para jugar... Veinte horas de trabajo con cada grupo para jugar con estímulos, sueños, expresiones, emociones, creaciones...

Tras veintiún días en Palestina para mí, quince par mis compañeros, veintiún espectáculos realizados en campos de refugiados, ciudades, hospitales, aproximadamente cuatro mil espectadores, noventa horas de talleres con niños y con adultos... Me pregunto volviendo cosas distintas... cómo no olvidar todas aquellas sonrisas en medio de la muerte y la locura, hasta gente que vino a vernos una tarde cuando se preveía un bombardeo esa noche... luz en medio de las sombras. Y hoy estoy aquí escribiendo, y la locura aún se ha disparado más, sigo oyendo noticias pobres que a nadie importan y que no reflejan lo que yo viví allí, hoy mis ojos saben mejor que nunca que es imposible ver lo blanco y lo negro separado, pero allí he visto oscuros fantasmas apagando la luz del futuro, unos mucho más que otros, unos mucho más cruelmente que otros... Hoy tengo que escribir...

Durante estas tres semanas se ha utilizado la risoterapia, las técnicas de desarrollo de la expresión y la creatividad para mejorar la situación psicológica de los niños y niñas que son espectadores, participantes y víctimas de la intifada y lo que es aún peor, su represión, en un momento en que la situación es alarmante. Un proceso de paz interrumpido tras más de cincuenta años ya soportando una realidad opresiva. Varias generaciones que han sido víctimas del conflicto, el paro, la desesperación, la vida bajo la ocupación y la constante amenaza de muerte. Hombres, mujeres y, especialmente los niños y niñas que sufren traumas psicológicos o viven inmersos en un ambiente poco propicio para vivir de una forma sana. No quiero ni puedo justificar lo que hace nadie... pero comprendo a algunos, he oído los cañonazos en la madrugada, en días de tregua, cañonazos sin razón sobre población dormida, civiles sin armas, estruendos para sembrar el terror y la desmoralización...

A la mañana siguiente el payaso se pone la nariz de nuevo... Salimos a hacer reír, a hacer olvidar, a hacer soñar... Payasos sin Fronteras ha llevado sonrisas, para niños y adultos a muchos países, a los encendidos Balcanes, a los olvidados campos del desierto del Sahara, a las miserias de Centro América, al África negra, a Nepal, al día después de los terremotos. Nuestras armas son éstas: la nariz de payaso, la música, los títeres, talleres de expresión... alimentos para el alma herida... Una vez le pregunto un aduanero a Pepe para entrar en Kósovo que para qué venía... -para hacer reír-. Aquél no entendió nada, Pepe dice que si al día siguiente hubiera visto todas aquellas caras riendo a carcajadas, entonces lo hubiera entendido. Esas carcajadas, esos sueños, lo justifican todo. Así hay que entender el dinero invertido por la Oficina de Cooperación Española en Jerusalem, dependiente del ministerio de Asuntos Exteriores. Se puede hacer muchas cosas por las personas y por las miserias, pero una importante es curar la moral, hacer reír, devolver el sueño...

Payasos sin Fronteras es un sueño loco, pero no se me ocurre que demasiado necesario... Cada año alrededor de quince operaciones, casi cien payasos y demás artistas que salen a actuar, a hacer lo que saben para estas personas, en los lugares más heridos. Para quién no está acostumbrado a ver el hecho teatral desde el escenario tal vez no es fácil de entender, hay que imaginar las caras en una explosión de emociones que podemos ver desde el escenario. Una fuente inagotable de energía que el payaso recoge y devuelve en un acto de comunicación teatral. Cada actuación vale la pena, el esfuerzo de arrancar y regalar días de tu trabajo, las incomodidades, los peligros, las pesadillas... Conseguir hacer reír en estos lugares es lo que mejor sabemos hacer desde Payasos sin Fronteras, y sin necesidad de agarrarse a las palabras rimbombantes de la terapia de la risa, todo se justifica tras haber visto risas en medio del odio o la desesperanza.

En Palestina Payasos sin Fronteras y la Oficina de Cooperación Española han impulsado y cofinanciado un proyecto que todo el mundo espera repetir, todos lo piden, y todos queremos llegar hasta sitios más complejos aún. Muchos de los nombres de poblaciones y lugares que oímos a menudo en la prensa descubrimos que estaban demasiado lejos o que eran muy difíciles de acceder. Ahora todos apostamos por hacer llegar esta agua fresca a esos lugares aún más deteriorados. La prudencia y la situación de guerra nos hizo planificar tan solo actuaciones y talleres en Ramallah, Bethlehem y Jerusalem, y alrededores de cada una. Pepe Viyuela y Luismi, con mi aportación llevaron el peso de los espectáculos, y yo, con su apoyo, ofrecí y animé los talleres para los chavales y para adultos que después trabajaban en campos de refugiados. Así también nos queda el sabor de un cierto efecto multiplicador por haber trabajado con dinamizadores de talleres y con grupos de artistas locales comprometidos con su propio pueblo, para la dinamización y difusión cultural, grupos que atraviesan controles militares, que esperan hasta que una frontera y una fractura interna te dejan trabajar para un niño aislado. Los chavales y las mujeres de cada campo de refugiados, incluso los campos dentro de “territorio palestino”, en su mayoría no han salido ni pueden salir de éstos.

Y también trabajamos en Jerusalem en el Teatro Nacional Palestino. Actuamos en sus escenarios y sus gentes acudieron a nuestros talleres, un enriquecedor compartir desde el lenguaje de las artes.

Días cargados de sensaciones y muy ricos... Una aportación más al trabajo loco y continuo de Payasos sin Fronteras, y que ahora intentamos transmitir... compartir con cada lector... Sensibilizar le llaman... necesaria y justa labor que sabemos les debemos a todos aquellos que nos acogieron... Hoy no me toca hacer reír a quién esto lee, pero espero que esto te sirva...

Koldobika G. Vío


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